A veces, en el trabajo, donde cada día convivo con el dolor y el sufrimiento no puedo hacer otra cosa que pararme a pensar. Tras este momento me pregunto si desde mi posición puedo hacer algo más que mis quehaceres diarios para aliviar el dolor ajeno. Bien es verdad que puedo llevar a cabo mi trabajo desde la mayor excelencia, puedo detectar nuevos problemas, solucionar imprevistos, determinar una serie de necesidades y establecer unos objetivos e intervenciones que se encaminen a cubrir dichas necesidades, puedo administrar correctamente la medicación prescrita…pero, puedo calmar o serenar el alma de las personas?. Puede parecer presuntuoso pero para nada quiero parecerlo. He presenciado la enfermedad, la locura, la desesperanza e incluso la muerte. Momentos todos en los que la palabra no sirve. Todo aquello que decimos en esos momentos van a parar contra un muro insalvable.
Sin embargo sí existe un simple gesto que sirve de comodín para todas estas situaciones de desesperanza…La Sonrisa. No cuesta nada y es capaz de transmitir confianza y serenidad. Basta con colocar tu mano sobre la otra persona y sonreír para poder mostrar que estás ahí.
Bien es verdad que no cuesta nada sonreír pero cada día me doy más cuenta de cómo las sonrisas entre el personal sanitario de un hospital están cada vez más cotizadas. Veo a diario prescribir tratamientos carísimos o llevarse a cabo pruebas diagnósticas de incalculable valor, pero casi nunca rubricadas con una sonrisa en un momento en el que necesitamos un colchón que amortigüe nuestros miedos ante la inminente pérdida de salud que estamos padeciendo.
Así pues he llegado a la conclusión de que mi arma más valiosa para desempeñar mi trabajo diario no puede ser otra cosa que sonreír a las personas que en ese momento lo piden a gritos desde un silencio sepulcral; y por ello animo a todas las personas que siguen esta bitácoras perdida en el inmenso universo virtual a sonreír más a menudo y ser un poco más amable con el que nos rodea. Difícil tarea pero ahí queda ese llamamiento; pues en algún momento de nuestra vida, de forma incuestionable, seremos nosotros los que necesitemos esa sonrisa confortable y salvadora.
Pensamientos perdidos…en una noche, donde el dolor incesante perdura por los pasillos de este hospital.
Amen hermano, preciosas palabras, me han llegado a lo mas profundo
Tú si que sabes de lo que hablo verdad.
Bueno que me he enterado a través de tu Facebook que vais a ser padres…me alegro mucho floki.
Un abrazo.